Entrevista a Pablo R. Montenegro

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Hacer cine no es sólo rodar, hacer cine no es sólo actuar, hacer cine no es sólo editar, ni dirigir. Hacer cine también es ver cine, hablar de cine, intercambiar impresiones, y hoy lo hacemos con Pablo R. Montenegro, un fuera de serie, actor, productor, cámara y además el director de Plástico Reciclable, el corto ganador a Mejor Making Of en Shorty Week 2014.

¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo del corto?

Si nos vamos a mis comienzos en el del largo, te hablaría de cuando hacía mis propias versiones de dos horas de StarWars e Independance Day en el garaje de casa. En el del corto empecé más en serio en primer curso de carrera, cuando trataba de convencer a mis compañeros de clase para que grabásemos un guión mío titulado ‘El Ilusionista‘. Cuatro meses después se estrenó El Ilusionista, de Neil Burger, y sufrí mi primera crisis cortometrajil.

¿Cómo ves el estado actual del cortometraje en nuestro país?

Me parece que la accesbilidad a los medios técnicos da como resultado que sea cada vez más sencillo reunir el material necesario para grabar un corto, y supongo que eso se percibe a nivel de volumen de cortos en general. Hay muchos festivales, concursos, exposiciones, y todo ello lleva a que ahora el corto resuene un poco más, que se den más situaciones propensas a la proyección y el visionado de cortos, lo cual es siempre una ventaja y un grifo de motivación y oportunidades.

¿Para ti el corto es un primer paso para el largometraje? 

Creo que el cortometraje es un formato valioso en sí mismo, y no únicamente una antesala o un ensayo hacia el largometraje. Pero es innegable que, dada la propia anturaleza del largometraje y de sus posibilidades de difusión, algunos consideramos que el corto puede ser un estupendo laboratorio donde experimentar, errar, corregir, aprender y evolucionar, antes de aceptar el desafío de tratar de mantener la atención del espectador durante un tiempo nueve o diez veces más largo, y con una historia que probablemente sea más complicada de contar.

¿Qué papel tiene el cortometraje en la industria del cine actual?

Yo no soy ningún experto en los mecanismos de funcionamiento de ese ente llamado “industria”, ni siquiera de aquellas que más me apasionan. Pero sí diría que el cortometraje es quizá la cantera desde la cual un productor puede extraer a quienes considera que hacen un buen trabajo y con quienes le gustaría trabajar. Podría decirse que el corto es el currículum del cineasta, con lo que demuestra qué sabe hacer, que es en lo que consisten los video reels. También me gusta pensar en el corto como la parcela de la industria en la que todavía se permite decir, sin miedo a demasiadas represalias, aquello de “por amor al arte”, expresión que, cuando no se utiliza como sistema de trabajo, me parece una genuina muestra de idealismo y de ilusión por la profesión.

¿Qué crees que tiene el cortometraje que no tiene el largometraje?

Brevedad. En serio. Hacer un cortometraje implica un límite de tiempo (pongamos unos 20 minutos), pero es que hacer un largo también implica un condicionante de tiempo (pongamos más de 70 minutos). El tratamiento de guión, el uso de los ritmos, la consideración global de la película e incluso la propia disposición del público son diferentes, por lo tanto, hablamos de tipos de obra muy distintos. Para mí, lo más valioso que tiene el corto y no tiene el largo, es una mayor posibilidad de acelerar y comprimir el ritmo narrativo; frente a lo que suele ser una carrera de fondo, de resistencia, creo que el corto invita, a menudo, al sprint. Con esto no quiero decir que uno no pueda hacer un corto sobre ancianos que viven muy despacito; el ritmo narrativo y la temática son cosas totalmente diferentes.

¿Con qué trabajo o corto tuyo tiene que comenzar el público para conocerte?

Por el único que considero mío al cien por cien y que está terminado: “Plástico Reciclable”. Me parece que en él he llevado a cabo, sin darme cuenta, una declaración de intenciones acerca de lo que quiero hacer con el cine.

Equipo del cortometraje Plástico Reciclable

Equipo del cortometraje Plástico Reciclable

 

¿Cómo espectador y como director que es lo que buscas en un corto?

Como espectador busco varias cosas a varios niveles. Lo primero es no sentir que se está abusando de mi atención. Acudir a una sala y sentarse en una butaca para regalar los siguientes minutos de tu tiempo a la historia que alguien quiere contarte, es algo que uno hace por voluntad propia y que, a mi juicio, debe tratarse con mucho cuidado. De igual manera que al gobierno no se le vota para que, a partir de ahí, haga lo que le dé la gana durante los próximos cuatro años, sentarse en una butaca no es regalar un cheque en blanco. Por eso, en primera instancia, a un corto le pido que esté trabajado, que no me haga pasar por tonto y que sea coherente. A partir de ahí, ya dependerá de mi gusto por los detalles, el estilo, etc. Como director, a un corto mío le pido exactamente lo mismo, para luego aspirar a conmover, de aguna manera, al espectador.

¿Qué buscas en un festival de cortos? ¿Qué elementos tiene que tener un festival para que capte tu atención..?

En un festival busco sobre todo que haya espacios de encuentro entre gente que hace cortometrajes, pero en especial entre ellos y el público. Es un evento perfecto para que ambos bandos se escuchen mutuamente, se pregunten, se conozcan, se tiren tomates si hace falta. Por ello me atrae especialmente que un festival planifique y fomente encuentros de este tipo, que no se dan tan fácilmente, y menos en el mundo del largo, convirtiendo el festival no en una exposición unidrieccional, sino en un acontecimiento interactivo, un diálogo.

¿Dónde surge la inspiración para este corto (Plástico Reciclable)?

Siempre he sido muy de dar vida a los objetos. Una vez, con doce o trece años, grabé un vídeo en que una fregona recorría la casa dando saltos; me hacía gracia ver la melena de flecos rubios moverse cuando la fregona miraba a un lado o a la cámara. También era de ponerle cara a los coches o de preguntarse si las farolas de ambos lados de la calle mantendrían conversaciones de madrugada. Personificar objetos es, en cualquier caso, un tema que ha estado presente en varias de las películas que marcaron mi infancia, como Toy Story o antes incluso, La Tostadora Valiente. Todo eso está en el trastero de mi imaginación. De modo más directo, diría que lo que me motivó a hacerlo no era tanto el tema en sí, sino el cómo: ¿sería capaz de sugerir la acción y la emoción mediante el uso de uno u otro plano, hasta el punto de contar una historia con objetos inertes?

Consejos a nuevos directores.

Consejos para mí, entonces. Adelante, ¡soy todo oídos!

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